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NUESTRA CLASE DE FRANCÉS///NOTRE CLASSE DE FRANÇAIS

La clase de Francés en un IES de la Comunidad de Madrid en la que sus alumnos elaboraron diversos trabajos de exposic...

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Oh, là, là...Marlène Mourreau au Lycée!!



TODAS LAS FOTOS DE LA VISITA///TOUTES LES PHOTOS DE LA VISITE



Un día, Marlène Dietrich propuso a su chofer que utilizara su nombre para bautizar a la niña que anhelaba junto a su esposa. Meses después, cerca de Versalles, cuando París digería el mayo del 68, nacía en Neuilly sur Seine una preciosa niña cuya gracia era la de Marlène Mourreau. Enfocó sus estudios hacia el arte, de los que conserva aptitudes para la pintura, y mezcló su belleza y rebeldía en las pasarelas francesas para trazarse un futuro de artista del espectáculo. Se moldeó en vedette e irrumpió en la televisión de los galos cantando, bailando y presentando programas de actualidad. La magia de su sugerencia, transparente y desentendida, la llevó a presentarse a las elecciones presidenciales de la República Francesa. Entonces, con la libertad y el amor como premisas, besó la fama.
El eco de sus suspiros musicales llegó a diferentes países europeos pero su instinto exigía sobrepasar los Pirineos. En un país que todavía diez años después sonreía al vaivén de los ochenta, los platós de la televisión española se engalanaban para que Marlène los pisara con prestancia. Evolucionó entre aquellas cámaras que pasaron de testimoniales a indiscretas. Decidió entonces construirse su terreno mediático y moró en él interpretando el papel de su conciencia. Lo defendía con sencillez y coquetería; de vez en cuando, esparcía semillas de humildad y nunca se avergonzaba de sus errores.

Ayer, Marlène se presentó en un instituto de secundaria de San Fernando de Henares con una caja de cartón llena de semillas. Eran claras las semillas porque si se observaban de cerca se divisaban trazos de su vida y si las acercabas al oído, escuchabas el susurro de una música alegre. Cruzó Madrid con un propósito generoso. Comprobar que entendía las preguntas en francés de un grupo de quinceañeros que descubría que la fama también arropa a las personas sencillas. Conocieron a un ser humano que simpatizaba con ellos por medio de bromas y que pasó de contestar preguntas a realizarlas. Antes, se había prestado a interpretar una escena de teatro con unos alumnos de Bachillerato que ya estaban conquistados. Derrochó su arte en un aula, cerca del encerado y de nuevo sacó a bailar a la juventud tarareando el canto de la prudencia y entonando las notas de la complicidad. Después, volvió a regalar su simpatía estampando firmas de afecto a quien tuvo el privilegio de conocerla.

Hoy, en la clase de Tutoría, hemos aprendido que la fama no nos es imprescindible. No nos puede poner nerviosos alguien que posee ademanes, sonrisas, andares y miradas tan cercanos a las nuestras. Nos hemos dado cuenta que podemos admirar a las personas por lo que sentimos y no por lo que nos digan que debemos sentir. Se preguntaban por qué ellos no habían tenido la ocasión de conocer a Marlène.
He intentado hacerles ver que de vez en cuando, uno ofrece algo también por lo que siente y no por lo que le digan que debe ofrecer. Les he dicho, que otro día ellos también tendrán la ocasión de contemplar en persona la fama pero que ahora nos toca aprender a respetar los valores y la cultura del que tenemos a nuestro lado. Cierto es que se lo he dicho con otras palabras y por eso no sé si me habrán entendido.
Poco después, una compañera me informaba que no hace mucho y no muy lejos, en otro instituto que florecía para la labor de la enseñanza, alguien, como Marlène Dietrich a su chofer, proponía un nombre digno para la ocasión. Todos estuvieron de acuerdo en bautizar su centro con el nombre de un escritor español de reconocido prestigio. Querían invitarle para la inauguración pero éste exigía a cambio una importante cantidad de dinero. Decidieron finalmente bautizar al instituto con otro nombre indudablemente más adecuado.



Quisiera añadir que lo único que se llevó Marlène del Instituto fue un ramo de flores junto a nuestro agradecimiento, cariño y admiración. Por eso creo que es nuestro deber informar que ayer nos visitó una artista del espectáculo que nos dio una lección de humildad y generosidad.

Merci beaucoup, Marlène.

Roberto González






Théâtre: "La Prof de Français"
Avec Marlène Mourreau (Vidéo)











Interview à Marlène Mourreau
(Vidéo)